Historia de Morgana

Es difícil poner en palabras el miedo que había anidado en nuestros corazones…

Terrassa ,23 de mayo de 1618

Las noches anteriores ya se sentía por las calles de Terrassa el murmullo de la gente. Era día de ejecución. ¿De quién? Os estaréis preguntando… La respuesta, viendo la fecha del relato, no os sorprenderá… Seis mujeres, perseguidas, maltratadas y torturadas, habían sido condenadas por el simple hecho de ser mujeres. Bajo la excusa de defender los valores eclesiásticos de la Santa Inquisición —la cual tampoco necesitaba argumentos demasiado convincentes para condenar a una mujer como servidora del diablo—, la brujería se había convertido en el tema preferido de quienes veían en ciertas personas una amenaza a las normas establecidas. ¿Y qué hacían, en teoría, estas mujeres? Reuniones, o los llamados aquelarres, donde —según la Inquisición— se invocaba al “Macho Cabrón”, una representación del propio demonio.

Absurdo, estaréis pensando…

Pero esto es solo una parte de la historia. el día de la ejecución, se dieron cuenta de que una mujer había desaparecido del calabozo. Antes de iniciar su búsqueda, los jueces decidieron impartir el castigo a las demás y “purificarlas” —según ellos— a través de las llamas.

El día de la ejecución, se dieron cuenta de que una mujer había desaparecido del calabozo. Antes de iniciar su búsqueda, los jueces decidieron impartir el castigo a las demás y “purificarlas” —según ellos— a través de las llamas. Lo último que se pudo ver de aquellas mujeres no fueron llantos ni gritos por el fuego, sino un discurso al unísono: “Nos podréis perseguir, nos podréis torturar y nos podréis matar. Pero nuestra fuerza prevalecerá, y el odio que estáis focalizando en nosotras se os volverá en contra.” Tras repetir aquellas palabras tres veces, sus cuerpos desaparecieron entre el humo y las llamas ardientes. Aquella noche, la luna se alzó llena y de un tono rojizo. Algunos decían que era consecuencia de haber ejecutado a mujeres inocentes. Pero lo más inquietante fue que, a pesar de buscar por todos los rincones de la ciudad, nunca encontraron a la mujer que había logrado escapar.

Lo más aterrador para los guardias fue descubrir cadáveres de pequeños mamíferos dentro de lo que había sido su prisión. Los cuerpos estaban rodeados por centenares de pequeñas arañas que se colaban por las rendijas de la piedra. Al principio no le dieron importancia. Pero, en las noches siguientes, en los dormitorios de los jueces de la Inquisición aparecían cada vez más arañas. Estas transportaban ratas muertas y otras pequeñas criaturas en descomposición, llenando el aire de un olor insoportable.

Semanas más tarde, cuando parecía que todo empezaba a normalizarse, uno de los jueces apareció empalado en medio de la Plaza Vieja. Su cuerpo estaba envuelto en lo que parecía una telaraña gigante. El suceso provocó el caos en la ciudad. La gente especulaba, creaba teorías… hasta que, aquella misma noche, una voz escalofriante resonó en el interior de todos los presentes. Eran las mismas palabras que habían recitado las mujeres ejecutadas: “Nos podréis perseguir, nos podréis torturar y nos podréis matar. Pero nuestra fuerza prevalecerá, y el odio que estáis focalizando en nosotras se os volverá en contra.”

Se incrementaron las medidas de seguridad, se impuso el toque de queda y la presencia de soldados se multiplicó. Pero nada de eso sirvió: las muertes no cesaban. Y ya no afectaban solo a jueces o miembros de la Inquisición. Parecía que aquello que mataba se movía guiado por el olor del odio y la envidia. A veces se oían ruidos de patas recorriendo los rincones de las casas, pero nadie había visto qué se ocultaba entre las sombras… hasta aquel día.

A medianoche, en el Ayuntamiento, apareció colgado el líder de la Inquisición, sujeto al balcón por enormes telarañas. La gente, aterrorizada, se acercó al Raval de Montserrat, pero quedó paralizada por el miedo. En el mismo balcón, una gran criatura, con medio cuerpo de mujer y medio de araña, se desplazaba de un lado a otro, acechando con la mirada. Sus ojos rojos se clavaban en los de los presentes. Cuando vio llegar a los soldados y a más gente de la ciudad, empezó a hablar…

Su voz era inquietante pero firme, y su mirada dejaba a todos embelesados, incapaces incluso de parpadear. En su discurso declaró que cazaría a todos aquellos y aquellas que alimentaran el odio o la envidia, y que devolvería la dignidad a las mujeres del pasado, haciendo justicia allí donde la ciudad había callado.

El pánico se extendió: la criatura era imparable. Nadie conseguía derrotarla ni convencerla de que detuviera su persecución. Intentaron hacerle entender que la humanidad podía aprender de sus errores, que no era necesario continuar con aquella matanza.

Finalmente, un grupo de mujeres logró hacer entrar en razón a la bestia. Con sabiduría y coraje, consiguieron que se encerrara en un capullo tejido de telas de araña, donde permaneció dormida durante años…

Hasta que, en tiempos presentes, ha vuelto a despertar, alimentada por el malestar y la oscuridad que planean sobre la ciudad.

Cuando todo parecía perdido, los Diables de Sant Pere Nord se interesaron por la criatura. En su escondrijo habían encontrado un centenar de arañas; habían tratado con el “Macho Cabrón”, un ser del inframundo vinculado a la fiesta y la lujuria; e incluso habían superado la oscuridad que ellos mismos llevaban en su interior: Tenebris Magna.

Cuando finalmente se presentaron delante de la gran bestia, esta mostró curiosidad por ver que había muchas brujas entre las filas de “los Diables”. Le propusieron un pacto para poner fin a la persecución. Le hablaron de quiénes eran, de lo que hacían, y lograron calmarla. La criatura les reveló su nombre, hasta entonces desconocido: Morgana.

Pactaron que, mientras “los Diables” permanecieran en Terrassa, ella solo saldría para recordar lo que sucedería si la gente volvía a actuar con crueldad. Se adornó con los colores del grupo para sellar ese pacto, inquebrantable con el paso del tiempo.

Y aquí nos encontramos hoy, ante el renacimiento de Morgana, señora de todas las arañas, invocada siempre por las brujas de “los Diables de Sant Pere Nord”.

Dicen que, cuando el fuego de “los Diables” enciende el cielo de Terrassa, el espíritu de Morgana despierta entre las llamas y las telarañas, vigilando que la memoria no se apague. Recuerda a todos que la oscuridad no siempre es maldad, sino advertencia.

Porque cada vez que la injusticia o la envidia vuelven a crecer, la luna se enrojece… y un murmullo antiguo resuena en las calles:

“Nos podréis perseguir, nos podréis torturar y nos podréis matar… pero nuestra fuerza prevalecerá.”